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FERNANDO ALONSO Y
MCLAREN
Pero entonces todo el asunto dio un vuelco
espectacular. Tras una discusión en el Gran Premio de Hungria, en la que
Dennis afirma que Alonso le amenazó con mostrar a la FIA una información
que poseía sobre el caso de espionaje, el propio Dennis llamó a Max
Mosley, presidente de la FIA, para advertirle de la existencia de estos
documentos. Según la versión de Dennis, cuando Alonso se fue a disculpar
por su actitud, volvió a llamar a Mosley para decirle que todo había
sido un calentón y que, probablemente, los papeles no eran importantes.
Las discrepancias en este punto son notables, porque otra versión avala
que fue Dennis quien al final, tras darse cuenta de que Mosley no le
daba importancia al asunto, amenazó a Alonso si mostraba estos
documentos. De alguna forma, los e-mails de los que hablaba Alonso
fueron a parar a manos de Bernie Ecclestone. El abogado de Ferrari,
Nigel Tozzi, afirmó que había sido Alonso quien se los había hecho
llegar. El caso es que Ecclestone avisó a Mosley y éste mandó de
inmediato una carta a Alonso, Pedro de la Rosa y Lewis Hamilton para que
enviaran toda la información que poseyeran sobre el caso de espionaje.
Mosley desconvocó también al Tribunal de Apelación y llamó de nuevo al
Consejo Mundial para el mismo día 13.
El resultado es ya conocido. Los correos entre De la
Rosa y Alonso se convirtieron en un elemento decisivo, porque
demostraron que la información que poseía Coughlan circulaba por el
equipo con notable fluidez. Pero más importante que ello, fueron los
datos que aportó el juzgado de Módena, según los cuales Coughlan y
Stepney mantenían un contacto constante: se habían mandado más de 300
sms, al menos 20 e-mails y sus llamadas se incrementaban en los fines de
semana de gran premio. Y el detalle definitivo fue que Coughlan era
consultado por sus compañeros cuando surgía un problema, para comprobar
cómo lo había resuelto Ferrari. Así que el Consejo Mundial no tuvo
problema para demostrar que McLaren era culpable no sólo de poseer
información industrial confidencial de Ferrari, sino de que fuera
conocida por todo el equipo y de ser susceptible de ser utilizada. "Si
no se ha utilizado", señalaba la FIA en sus conclusiones, "es porque
técnicamente era casi imposible porque los coches son muy distintos".
Si un culpable había en todo este caso, no era otro
que McLaren, que no había cerrado los grifos de información procedentes
de Ferrari hasta que el asunto estalló. Sin embargo, Dennis quería
mantener su nombre limpio y seguir proclamando su honestidad
profesional. Por eso no se frenó a la hora de implicar a Alonso. En todo
este asunto Dennis, McLaren y Alonso son los tres perdedores. Y en igual
medida. El patrón de McLaren no puede sostener por más tiempo su
estudiada ignorancia. Alonso, que mantuvo una postura distante con el
equipo, firme contra Hamilton en la pista y fuera de ella y guerrera
contra Dennis, fue acusado de delación tanto por su propio equipo como
por la prensa inglesa y alemana, algo que él nunca ha aceptado. También
se supo que el español primaba a su grupo de mecánicos con 1.000 euros
por cabeza en cada carrera si se esmeraban en su trabajo. Y McLaren
perdió credibilidad porque fue declarado culpable de espionaje
industrial.
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