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FERNANDO ALONSO Y
MCLAREN
Sobre
la fecha en que escribo éstas líneas, 24 Septiembre-07, a pesar de que
estamos ante uno de los campeonatos más disputados de los últimos años,
la actualidad de la Fórmula 1 sigue estando marcada por el asunto del
espionaje de McLaren A Ferrari, las sanciones a McLaren, la rebeldía de
Hamilton y el trato que recibe de Ron Dennis, supuestamente favorable y
en contra de los intereses de Fernando.
Desafortunadamente para Fernando Alonso, su persona
aparece en el centro de toda esta espiral de noticias que se ha ido
agrandando a lo largo de los últimos meses y empieza a ser cada vez más
difícil llegar a ser objetivos para sacar una conclusión imparcial de
este gran lío. Escribe Manel Serra un artículo en El País donde
dice: "Sentado en un rincón del nuevo pabellón de McLaren
Mercedes, Fernando Alonso no parece feliz. Hace tiempo que se ha
refugiado en su padre, José Luis, y en su representante, Luis García
Abad, y en algún que otro periodista español incondicional. Pero poco
más. Aunque él asegura que es feliz cuando tiene "un coche competitivo"
y cuando gana carreras, lo cierto es que han pasado demasiadas cosas en
los últimos meses en McLaren como para que el doble campeón mundial
pueda aislarse por completo y pensar sólo en su trabajo, en las
carreras".
Ya no se habla con nadie en McLaren, donde la
convivencia se ha vuelto insoportable del todo.
Ahora mismo está a dos puntos de Lewis Hamilton, líder del Mundial,
cuando faltan tres grandes premios para la conclusión del campeonato.
Necesita imperiosamente el apoyo del equipo para poder continuar la
embestida hacia el título que comenzó el pasado mes de julio, cuando
concluyó el Gran Premio de Francia. Entonces la distancia era de 14
puntos. Ha reducido 12 en seis carreras. Un mundo. Pero le faltan tres.
Y, aunque afirma todo lo contrario, no está convencido de que McLaren le
ofrezca las mismas armas que a su compañero de equipo, Lewis Hamilton,
contra el que está luchando todo el año por la supremacía en la F-1. Su
batalla se plantea pues en dos frentes.
Desde que el pasado mes de julio estalló todo el
asunto del espionaje, Fernando Alonso y la escudería McLaren se han
instalado en el ojo del huracán. De forma involuntaria, claro. Pero
están ahí. La acusación de Ferrari de que McLaren le estaba espiando fue
adquiriendo peso a medida que iban apareciendo evidencias. El asunto se
desveló de forma circunstancial, cuando la esposa del ingeniero de
McLaren, Mike Coughlan, jefe de diseño, acudió a una tienda cercana a
Woking para escanear un dossier confidencial de Ferrari de 780 páginas.
El dueño del negocio, un seguidor de Ferrari, avisó inmediatamente a los
responsables de Maranello. Y Ferrari interpuso una querella en Londres
contra Coughlan y otra en Módena contra su propio empleado, Nigel
Stepney, que había robado y pasado toda la información a Coughlan.
Paralelamente, denunció el asunto a la FIA, que
convocó una reunión del Consejo Mundial para juzgar a McLaren. Se
produjo el 26 de julio. Pero la escudería británica salió bien parada:
se estableció que era culpable de poseer documentos secretos de Ferrari,
pero no se le sancionó porque no logró demostrarse que aquella
información era conocida por el resto del equipo, ni que hubiera sido
utilizada en la configuración de sus coches. Fue una sentencia que dejó
en ascuas a Ferrari. Su reacción y la del presidente de la Federación
Italiana, Macaluso, fue tan brutal que a Mosley, enemigo acérrimo de
Dennis, no le quedó más remedio que intervenir y convocar al Tribunal de
Apelación para el 13 de septiembre.
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